Igual que un jíbaro anhelas
reducir a mi cabeza,
trofeo en tus anaqueles
sin voz, sin grito, sin canto....
Porque me sueñas al mínimo,
y porque odias mi llanto,
porque miras a otro lado,
cuando yo crezco a tu paso,
y temes que te desnuden
el alma con los abrazos,
no soples tus cerbatanas
con veneno declarado,
ni enciendas aquella hoguera
que ya tienes preparada.
No inicies aún tu danza,
proclamando la victoria,
porque esta ya no es mi guerra...
ya no me hieren tus armas......
¡Ni me interesa la gloria
de ganar esta batalla!
|