Apenas un tajo entre el silencio
y el error de omisión,
Apenas, la desdicha sin palabras,
apenas la semblanza
del dolor,
Entre las dos veredas de la vida
quizás me faltó un no,
donde sobraba codicia pervertida
se ofrecía perdón.
Y el miedo entronizó los candelabros
que alumbraron el reino del terror.
Pasajeros cegados de los trenes
confundidos de andén,
deseos amarrados con prejuicios,
retorcidos en la carne sin saber,
viajando como nómades errantes
huyendo del placer.
Nos vendieron pecados y torturas
envueltos en deber,
y compramos pagando con la dicha
al precio de creer.
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