Mientras hojeaba mis libros de cuentos por las noches los ogros siempre tenían la fisonomía de él, de Pirongo, el verdulero de mi barrio. En la imaginación infantil tomaba cuerpo en aquel pobre solterón, que por su fealdad ninguna mujer había aceptado para compartir su vida. Cuando se levantaba pesadamente del banquito de cuatro patas que usaba para descansar su enorme humanidad , su barriga inmensa se movía como un flan cubierta por una camiseta de malla blanca, sucia de tierra y jugo de sandía. Sus pantalones celestes tenían manchas de todos los colores, y lo que mas me asustaba eran sus pies, gigantescos, invierno y verano en chancletas que dejaban ver unos dedos sucios con uñas interminables, que guardaban la historia de todas las veredas de mi pueblo. Aquellos pies
coronados por dos talones indescriptiblemente sucios y agrietados, me daban la certeza de que su dueño pertenecía a la familia de los ogros .
Tenía la altura en que a mis ocho años debía mirar hacia arriba doblando el cuello, para transmitirle el pedido de mi madre: “Pirongo , dice mama que quiere un kg de papas pero sin agujeros...y él, pacientemente, colocaba sobre el plato de la balanza que colgaba del techo de chapa de su kioscoverduleria , una hoja de diario, y acomodaba tres o cuatro papas no sin antes verificar ante mis ojos que no tuvieran los malditos agujeros negros.
Después , levantaba con las puntas de los dedos pulgar e indice, dos orejitas de cada lado, haciendo al mismo tiempo un repulgue como de empanada en los dos costados del diario, con esas manazas coloradas y llenas de sabañones ,delicadamente las depositaba dentro de la bolsa de red, (la “chismosa” le decían , porque dejaba ver todo lo que llevaba dentro), y a renglón seguido recibía la libretita donde cada día anotaba las compras que serían saldadas una vez por mes. Aquella libreta de tapa cuadriculada en marrón y verde, tenía las hojas llenas de impresiones digitales con tierra de los dedos de Pirongo.
Y uds pensarán...como es que yo recuerdo estos detalles, después de toda la vida....Es que Pirongo me causaba una extraña sensación de miedo, su rostro colorado ,su nariz en forma de pimentón , se me antojaba el ogro de los cuentos, aunque ese temor no impedía que aceptara hacer los mandados a la verdulería, porque yo sabía que junto con la libreta cuadriculada, el me devolvía unas cuantas uvas dulces, una redonda ciruela , quizás hasta un durazno amarillo y jugoso....entonces mágicamente la “yapa” del feo Pirongo, hacía desaparecer los resabios del miedo infantil.
Recuerdo que caminaba una cuadra de ida, muerta de miedo, y una cuadra de vuelta, saltando y agitando la”chismosa,” mientras saboreaba las golosinas frutales.
Hasta que un día, por alguna travesura que no recuerdo, mi madre amenazó muy seria:
Si no te portás bien la próxima penitencia va a ser peor, vas a tener que chuparle el dedo gordo del pie a Pirongo!!! Esa amenaza descabellada no estaba en mi lista de penitencias hasta ese momento....fue tan efectiva que consiguió atravesar años y años para que nunca la pueda olvidar. Al otro día, cuando vi a mi madre con la chismosa y la libreta cuadriculada en la mano, pensé que había llegado el momento terrible de pagar mi condena....pero solo escuche el mismo pedido de todos los dias...”Nena ...andá a lo de Pirongo a comprarme.....”
Uffffff que alivio, salí corriendo, y cuando llegué a mi destino, observé de reojo aquel pie aterrorizante y mas en detalle su arma fatal: el dedo gordo que parecía una pata de chancho con su uña negra y deforme, que por esa vez ....me había salvado de tener que chupar...!!!!
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