Estiro la remera rosa hasta que envuelve la curva de mi barriga
De perfil, me veo en el espejo. La acaricio despacio, debajo del ombligo saltón, se nota una línea oscura, como un caminito de hormigas que se pierde dentro del pantalón.
Ajusto suavemente las puntas del elástico y lo sostengo debajo del caminito de hormigas , estirado y tenso.
Sonrío observando ese ombligo que como un solo ojo me observa del lado de allá.
El corpiño me ajusta demasiado. Mis pechos crecieron y lo desbordaron por los cuatro puntos cardinales. Y siento el peso de su nuevo tamaño en mis hombros y en mi espalda.
Observo el contorno de mi rostro, redondeado, y la piel sonrosada que me acompaña hace un tiempo. Toda yo soy una sola curva redonda que baja y sube y me contornea por dentro y por fuera haciéndome sentir como un ánfora que se desborda .
Me veo como una luna llena, preñada de luz, a punto de estallar en polvo de plata.
Estiro la remera rosa ,que Jimena me regaló el año pasado para mi cumpleaños de 15, y sonrío al ver que ya no alcanza para tapar toda la superficie de mi barriga redonda que cada día me sorprende con algunos centímetros mas.
Cuando me miro al espejo de perfil, es como que no soy yo.
La que veo es otra, es la que yo no quería ser.
Y yo, yo soy la que se quedó con los sueños apretaditos en el fondo de la mochila que usaba para ir al colegio, con las ilusiones deshilvanadas en el ruedo del vestido de 15, con las medias ¾ caídas hasta los tobillos y los zapatos negros del colegio mojados por la lluvia de verano que nos tomó de sorpresa. La sorpresa que nos llevó hasta tu casa, a tu cuarto, a los juegos prohibidos, que desentrañaron secretos que hoy, están aquí, presentes en mi barriga redonda como una luna llena.
Esa panza redonda, panza de luna llena, que trata de escapar de mi remera rosa.
Rosa como las mejillas de esa chica que me mira del lado de allá del espejo.
La que se llevó una tarde de lluvia del último verano, casi todos mis sueños. |