Sentada en el borde de la cama, con sus enormes pechos apoyados en la barriga, y mientras por enésima vez se negaba a contarme aquel cuento, que le pedía cada noche, “el del lobizón , o el otro, el del eucaliptus que se incendiaba solo, o el de la niña inglesa, la que se murió el día de la boda......” con su infinita paciencia, Cándida repetía....” no nena, no, porque después te dormís con miedo y te hacés pis , y tu mamá se enoja conmigo porque dice que yo te asusto con mis cuentos”.
Yo sabía , que si insistía un poquito más, mientras se ponía su camisón de franela con flores rojas, iba a ceder . Era cuestión de insistir, y prenderme del ruedo de su camisón, dando saltitos a su alrededor, o de meterme debajo de las sábanas con ella y apretarle la barriga, para que mi noche se colmara de historias maravillosas de ánimas, tesoros enterrados por los indios, caballos y jinetes saliendo de la nada a medianoche, y séptimos hijos varones condenados a vagar con cuerpo de lobo en noches de luna llena.
Y en esa mezcla de asombro y miedo que quedaba flotando en la oscuridad, cerraba mis ojos poco a poco y dormía.
Cada noche ,se repetían, mis ruegos y sus negativas, hasta que al fin, cansada por el trajín del trabajo de la casa, se rendía y me llevaba en sus cuentos hasta el país de las leyendas que aprendió de niña, allá en el monte de la Laguna Larga, en el interior profundo, donde convivían la pobreza, la inocencia y la ignorancia por partes iguales, donde Cándida Islas, 45 años, analfabeta, había crecido oyendo lo que sus padres y abuelos contaban al amor del fuego, las noches de invierno, mientras el mate amargo con tortas fritas aliviaba el hambre y el frío que se colaba por las paredes de barro del rancho familiar.
Una de esas noches, quizás por cansancio, “su no fue no”, y ante la firmeza de su decisión, apelé a mis lágrimas ,sentada en el piso, junto a su cama, lloré desconsoladamente. Y la pobre Cándida adivinó ,que si no hacía algo, no iba a poder dormir esa noche.
Se levantó, descalza, fue hasta el ropero y en puntas de pie sacó su valijita cuadrada ,donde guardaba sus tesoros, justo en el estante mas alto. Yo pensé que me iba a dar alguno de esos caramelos que escondía, y que no me gustaban, porque eran duros y ácidos,o alguno de esoso collares de cuentas rojas como los que usaban las gitanas, o el perfume Maderas de Oriente que compraba en el almacén, allá en el campo, pero en cambio, y conociendo mi pasión por los disfraces, desplegó ante mis ojos aquella pollera, la que ella guardaba para los bailes de las fiestas patronales, aquella que era su tesoro escondido, aquella pollera amarilla como los girasoles, modelo campana plato, que tenía el ruedo salpicado de guindas rojas que ella misma había bordado , en tardes de domingo.. Y con infinito cariño, dejó en mis manos infantiles, su bien mas preciado, para que inventara un nuevo disfraz, y después de ayudar a dar 4 vueltas de tela alrededor de mi cintura, tomó un cinturón viejo de entre sus ropas, apretó un moño de color negro con dos largos lazos colgando, y una vez que al observarme, juzgó que había quedado perfecto, volvió a la cama, estiró la frazada a cuadros hasta el cuello,............y me parece que la veo, cansada y con sueño, pero sonriendo, feliz, mientras yo , enredada en el vuelo de una pollera amarillo girasol, giraba al son de un chamamé ,que ella entonaba en voz baja ......
“Anikenderesará”.....quedó en mi memoria....”de nuevo a implorar su amorrrrr”...Cándida con su inmensa barriga riendo .......sacudiendo las sábanas con cada carcajada..... “te acordás mi chinita del puente pexoa donde te beseeeeeee” ....la pollera amarilla atada con un cinturón girando y girando.....guindas rojas flotando a mi alrededor.........Cándida Islas ......la que sabía contar historias de miedo, y cantaba chamamé en voz baja para que yo bailara con cuatro vueltas de campana plato alrededor de mi cintura , soñándome princesa de un baile imperial, mientras llegaba el sueño, con la cadencia de aquellas notas ....” galopeeeeeeraaa, danza tu danza hechiceraaaaa, galopeeeeeeeeera,” que Cándida , cantaba , la cabeza hundida en la almohada, las mejillas sonrosadas , y los ojos achinados perdiéndose en su cara regordeta, que reía y cantaba, reía y cantaba sólo para mí....
Tiempo después, cuando desaparecían misteriosamente las bebidas de sus botellas, y su cara regordeta cada día enrojecía mas, presentí que algo malo había sucedido con ella.
Y así fue que Cándida Islas, bajó por última vez , del estante mas alto del ropero, su valijita cuadrada de los tesoros, guardó sus pertenencias, y un día cualquiera a las 3 de la tarde, en un viejo colectivo polvoriento, se marchó para siempre de mi vida, llevándose con ella , todas las historias de miedo... y su pollera campana plato amarilla como los girasoles y con guindas rojas en el ruedo..... |