Adivino que eres, lo que siempre he buscado, que tienes en tu carne, la cura de mi llanto, porque lo tienes todo, a flor de piel, lo palpo, lo siento, lo respiro, lo amo, lo idolatro. (Debajo de las uñas, sobre el labio entornado, al borde de tus manos, en tu costado claro.)
Adivino que traes, locuras necesarias, los sueños olvidados, antiguos calendarios, las horas divididas en pequeños milagros, reinaugurados ritos de amaneceres largos, y la dulce congoja de pecados mundanos. (las prohibidas ofrendas de mi sed en tu cama y tu vino maduro en la copa del alba.)
Porque lo tienes todo, y todo yo esperaba, mi gesto te celebra, y en todos los lugares el universo canta. Porque todo lo tienes, adivino que llegas desde vidas lejanas.
Ay como se retuerce de placeres prosaicos, dentro de nuestras almas, un cuerpo enamorado! |