Sobre los adoquines , hielo y hambre, piecesitos descalzos de gorrión, el frío de este invierno se ha ensañado, la miseria se muestra con placer.
Y ella corre entre carruajes y volantas, jugando a ser la niña que no es. Tiritando de frío juega y sueña, con el hambre pegada desde ayer. Pequeñita mariposa de la tarde, quiere abrigar el aire con su piel, diminutas sus lagrimas que ruedan, sobre un par de mejillas de papel.
De pronto en el bullicio de la calle, apenas puede oírse un acordeón, y trina en un temblor, la voz de aquel gorrión, que canta por monedas esta vez...
Y mientras llora y canta ,aquella niña, en un batir de alas, ya es mujer, que vuela por las noches parisinas, y en brazos del dolor, vuelve a caer.
Sobre el gran escenario iluminado, los mismos ojos tristes, otra vez, la música que estalla en su garganta, y llora... y canta... y llora por Marcel.
Vestida de dolor,hoy canta por su amor, con lágrimas eternas,el gorrión.
Ya nunca ha de volver, a su lado Marcel y vuelve a ser la niña del ayer.
Y en su fragilidad, se ensaña la verdad, como lo hacía el hambre aquella vez.
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