DE MARCOS HERRERA (*Poeta y narrador argentino (Buenos Aires, 1966). Publicó tres libros de poesía: Modo de final, 1986; Pulgas, 1987; Músicos de frontera, 1991, un libro de relatos, Cacerías, 1997- y una novela, Ropa de fuego (Premio Fondo Nacional de las Artes 2000), en la editorial Lengua de trapo, en 2001. Dirige junto a Leandro Araujo la publicación electrónica www.elastillerolibros.com.ar)
Una jungla en el corazón y hielo en los zapatos. /Nos dieron una lata de paté pero se olvidaron del abridor./ No somos soldados somos linyeras./ No somos un ejército somos una banda de linyeras./ No estamos entrenados; si hasta hay algunos que ni bien apuntan se ponen a llorar. /No estamos equipados somos linyeras con frío./ Mi anillo desaparece, su sinuoso brillo desaparece en las preocupaciones que gravan mapas en la cara de mi compañero./ Preocupaciones de linyera que extraña. /Extraña su provincia. Soy un cuervo rodeado de estrellas congeladas, en un pozo congelado, las patas hundidas en el hielo. /Miro mi anillo. Va desapareciendo en la palidez de mi piel que es igual a la palidez de la madrugada fría, helada como los cuerpos de todos nosotros linyeras no soldados no ejército./
Soy un llanto y nadie sabe lo que hice antes de que me trajeran a esta guerra. Soy el llanto de mi compañero. Soy su hermano extraño en este pozo del amanecer. Cada tanto viene a hablar a los gritos un sargento o un teniente. /
La nada sale a los gritos de su boca. Trata de darnos ánimo pero todos sabemos que nuestro futuro es comer sopa en una pensión de veteranos con las piernas cortadas y los ojos duros como diamantes enfermos./
Una jungla en el corazón y el sinuoso llanto menguante capaz de comer crujiente pena helada. Acá nadie se parece a Bruce Willis. No somos soldados somos linyeras. Somos ratas, perros, gallinas, cucarachas o, en el mejor de los casos, hormigas. Digo en el mejor de los casos porque las hormigas son los bichos con menos sentimiento. Son pacientes y trabajadoras. Las hormigas están programadas. Por eso creo que no sufren. Una jungla en el corazón me canta canciones cuando el miedo es casi insoportable. /
No somos soldados. No somos un ejército. Y mi anillo se parece cada vez más al aire o al hielo. No hace tanto que estamos acá, pero parece que hicera un siglo. Debe ser el viento. El viento es tan fuerte que te confunde. Cuando llegamos cavamos estos pozos a los que les decimos trincheras. Para mí son pozos y parecen tumbas porque nosotros parecemos muertos. /
Pero no, no. Los muertos no sienten miedo ni extrañan su casa. |