Sin rumbo ni timón levó sus anclas,
besándome en el cuello, displicente,
como quien se retira de una fiesta,
dijo adiós al pasar ,sin detenerse.
(Pero que importa, si al pasar dejaba,
tras de sí una estela de caricias)
Sin mirarse ni verme, sin recuerdos,
con el desparpajo de saberse bello,
besándome al oído sus promesas,
irguió las velas a favor del viento.
(Pero que importa, si al mentir dejaba,
un sabor de adolescencia nueva)
Abandonada en la orilla del deseo,
enredada en las algas de sus dedos ,
con las manos ahogando los silencios,
dolió mi boca tallada por su cuerpo.
(Pero que importa, si entre mis labios llevo,
el sudor encendido de su pecho)
De espaldas a mis playas navegando
en nuevas aventuras sin destino,
pude ver la estatura de su imagen,
pasajero fugaz de mi camino.
( Pero que importa ahora su partida,
si en mis playas se dejó olvidado,
el faro transparente de sus ojos,
y en mi vientre, un remolino blanco.)
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