Ay Buenos Aires, como te siento hermana , con tu piel de cemento, y un millar de soledades transitando las esquinas, con tanto frío en la mirada, y tanta vida equivocada, que olvidaron como se hace para dar una sonrisa, sin motivo y sin fingir. En tus brazos, la llovizna se desliza y la agonía de otros tantos perpetúa la injusticia y el dolor.
Y aunque quisieras cobijar cada destino, en tus veredas se debate, la miseria y la alegría en el mismo dos por cuatro la viejita y el turista, cuatro gatos, un taxista, el chabón que vende merca, la monjita y el florista, el doctor, el buscavida y el gotán. Y en esta tarde de otoño, yo te miro Buenos Aires, mientras viajo por tus venas, demorando ,el placer de este café.
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