Con ternura te nombro, yo que me fui de vos, yo que me fui sin mirar atrás, yo que huía de vos, de la conmiseración, de los pasados ajenos, y de otras verguenzas, de mi yo adolescente, paloma aventurera, que se bebía el mundo y desafiaba la vida y las quimeras. Con humildad te nombro y te redimo, en mi corazón, raíz mía, canto mío, parte de mi verdad, o la totalidad que me condena. Vuelve mi corazón, cada setiembre, al arroyo, y al primer beso, vuelve mi soledad, a los recodos de la plaza, donde hurtaba miradas al deseo. Y en cada regreso, los perfiles amados u odiados, todos ellos eternos, pasajeros de mi alma, al costado del andén me observan. Y allí están, trepándose a los ojos, mis amigos de infancia, mis maestros,mi primer amor mis cómplices de sueños, mis primeros poemas, aquel piano, la guitarra, los juegos... Y aquí estoy yo, en otros tiempos, buscándome hasta allá, como un recuerdo, buscándome en tus calles, en tus veredas al sol alguna siesta,
para volver a ser aquella que se iba
para volver a ser y no perderme.
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